viernes, 18 de junio de 2010 | |

Ecos del Bicentenario

Decidí tomarme un tiempo antes de escribir sobre la Fiesta del Bicentenario. Estaba convencido que con el correr de los días, iba a desaparecer la carga emotiva e iba a dar paso a la razón. Pero en seres viscerales y temperamentales como el que suscribe, esa alternativa, es poco probable.
Es sabido que a partir de la pelea entre el Grupo Clarín y el gobierno Kirchnerista, una importante mayoría de los medios gráficos y audiovisuales argentinos le declararon la guerra a la Presidenta.
Ya poco importó lo bueno o malo que hiciera el gobierno, ya que ante la falta de malas noticias se recurría sistemáticamente a la fábula o la mentira, y si no, se repetían hasta el cansancio noticias o informes sobre hechos delictivos, multiplicándolos exponencialmente, como para justificar esa terrible sensación de inseguridad y crispación que los argentinos vivimos día a día.
Sensación en realidad creada e instalada por los propios medios en el imaginerío popular.

Y los comentarios previos sobre la Fiesta del Bicentenario no fueron la excepción. En cualquiera de los canales de TV o emisoras de radio del Grupo Clarín o el Grupo Uno, se discutía sobre la exageración del gasto a realizar, el más que probable desinterés de la gente, y un sinfín de causas que llevaban a la conclusión que la Fiesta del Bicentenario iba a ser un desastre oneroso y absolutamente innecesario por donde se lo viera.
Pero como en tantos otros vaticinios apocalípticos surgidos de la maquiavélica mente opositora y desestabilizadora de los secuaces de Ernestina de Noble, Francisco de Narváez, Lilita Carrió y Cía. una vez más volvieron a equivocarse.
Por eso y pese a las recomendaciones de no llegar hasta la ciudad de Buenos Aires (Noticiero de Canal 13) ya que el tránsito era imposible y la ciudad era un caos, millones de argentinos desde distintos rincones del país, se dieron cita durante cinco días a una Fiesta sin precedentes no solo en el país, sino en el mundo.
Desde hace tiempo a los argentinos se no quiere hacer creer que somos un pueblo que no conoce la palabra nacionalismo o patriotismo. Que hasta los brasileros o los yankies son más nacionalistas que nosotros. Que renegamos de nuestras instituciones militares históricas cuando en realidad solo repudiamos los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de estado de una junta militar que poco tenía de patriota y mucho menos de nacionalista, y disfrutamos y hasta lloramos cantando la Marcha de San Lorenzo, Aurora o simplemente el Himno en una cancha de Fútbol.

Al recuperar la democracia, trataron de convencernos que con solo recitar el preámbulo de la Constitución bastaba para suplantar los desaciertos económicos que nos llevaron casi al borde de un estallido social.
Después nos quisieron imponer la cultura del Drugstore, el Shopping Mall y la dolarización económica disfrazada de convertibilidad, haciéndonos creer que el modelo neoliberal te da la posibilidad de pertenecer al Primer Mundo como si la vida fuera el slogan de una tarjeta de crédito.
Llegó un inútil que creía que con una Alianza bastaba para desactivar la bomba de tiempo que ese mismo neoliberalismo le había dejado como regalo unos meses atrás, y tuvo que huir en helicóptero, dejando un saldo de 20 muertos en la Plaza de Mayo.
Y pese a todas las crisis, a cada una de ellas, seguimos adelante.

Y será que de tanto aguantar y soportar estupideces y desatinos a lo largo de décadas, nos merecíamos una fiesta, un desahogo, pero que no tuviera que estar ligado a un acontecimiento deportivo.
Y con la llegada de Bicentenario tuvimos esa fiesta.

Desde desfiles cívico militares, pasando por shows musicales de todo tipo (Tango, Folclore, Rock Nacional, etc…), stands de comidas de todas las provincias de nuestro país e internacionales, desfile de colectividades, con toda esa gente que hizo posible en nuestro país, su propio sueño de felicidad y prosperidad (Italianos, Españoles, Judíos, Libaneses, Bolivianos, etc…), hasta llegar al momento más emotivo con ese desfile final con la participación de más de 5.000 personas, armado y diseñado por la gente de Fuerza Bruta (ex- De la Guarda, La Oganización Negra, etc…) mostrando en una veintena de cuadros, los momentos más sobresalientes de la historia de nuestra nación.

Millones de personas en paz y tranquilidad acudían por día a la Fiesta del Bicentenario. Si fueron en total cinco, diez, quince o veinte millones, poco importa.
Lo importante es que los argentinos con las venas hinchadas de “Argentinidad al palo” (como diría la Bersuit) nos volvimos a reconocer como un pueblo, con un inequívoco sentimiento de patriotismo, dispuestos a disfrutar de una fiesta como nunca se vió y como no creo que se vuelva a ver (y perdónenme si peco de soberbio) en ningún otro rincón de la tierra.
Tal es así, que incluso los medios adversos al gobierno no solo transmitieron en directo la totalidad de los festejos para los otros tantos millones que la mirábamos por TV, sino que durante el fin de semana siguiente, volvieron a repetir los mejores momentos, como si se tratara de una involuntaria “cadena nacional” de medios “independientes”.

Además de las fotos que acompañan esta entrada (Diario La Nación (paradójicamente)), me gustaría cerrar con una frase que pronunció Fito Páez en el último show, redondeando con las estrofas del Himno Nacional, una actuación para más de dos millones de personas: “Todos estamos muy felices con lo que pasó y con haber salido a la calle y sentir que empezamos a pertenecer”.

1 comentarios:

Carlos Di Nallo dijo...

Excelente entrada! Yo fui dos dias y ciertas imagenes seran imborrables para mi.!!!